Para salir de la crisis del 2008, las principales potencias económicas implementaron políticas de estímulo fiscal y monetario con el objetivo de que la fuerte recesión no se terminara convirtiendo en una depresión. El enorme endeudamiento había llevado a una burbuja inmobiliaria que explotó y produjo el corte abrupto del crédito y el desapalancamiento de la economía. El resultado fue una caída fuerte del consumo y aumento del desempleo.

EEUU, Gran Bretaña y Japón están realizando una experiencia de política económica nunca implementada anteriormente y cuyos resultados finales son al menos impredecibles. Este experimento consiste en la emisión de dinero para recomprar bonos e hipotecas con el objeto de bajar las tasas de interés para reactivar la economía a través del consumo.
En el caso de EEUU el primer estímulo de emisión monetaria consistió en 1.7 trillones de USD (1.7 millones de millones de USD) y la Fed acaba de anunciar en noviembre una nueva ronda de emisión de 600 mil millones. Claramente esto produce una inyección enorme de liquidez al mercado y tasas de interés de las más bajas de la historia. Sin embargo los economistas y los países no coinciden en el éxito de esta política. Europa, que sufrió la inflación, considera que los beneficios sobre la economía real de la aplicación de estas medidas van a ser escasos, de corta duración y con alto riesgo de que esa enorme emisión de dinero termine en inflación. Es por esto que el Banco Central Europeo va a contramano de las recetas de EEUU.
El resultado de todo esto es la devaluación sostenida del dólar contra las demás monedas y sobre todo frente a los países emergentes, quienes siguen creciendo a tasas sostenidas a pesar de la crisis. El temor de los economistas es que la falta de coordinación de las políticas y el debilitamiento de unas monedas frente a otras lleve a una guerra de devaluaciones competitivas con el objeto de trasladar al vecino el costo de la recesión, y en definitiva todo termine en una guerra comercial proteccionista con una economía mundial más cerrada y un menor crecimiento. Precisamente esto es lo que se está discutiendo en el G-20.
Todo lo explicado anteriormente está produciendo que los activos se inflen artificialmente y que los commodities pasen a ser considerados un activo financiero como resguardo de valor. Si además los países que más crecen su producto bruto son precisamente los de mayor población como el caso de China e India, lo que lleva a aumentar el consumo de alimentos debido al cambio de dieta; entonces los commodities agrícolas se convierten en un activo muy apetecible. Muchos inversores están viendo que nuestros productos tienen baja correlación con las acciones y los bonos y que son un buen lugar para colocar el dinero en caso que esta experiencia monetaria termine en una inflación. Sin embargo el riesgo de una falta de acuerdo en cuanto a las políticas de estímulo, su impacto en el valor de los tipos de cambios y el riesgo de entrar en un mundo que cierre sus economías al comercio, pueden provocar una visión negativa del crecimiento económico que afectaría más fuerte a países que basan su crecimiento en las exportaciones como el caso de China.
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