6 de agosto | Día del Ingeniero Agrónomo
Escribo estas líneas, para compartir lo que hacemos desde el Área de Producción Agrícola con el resto de la red, clientes y proveedores, y porque el 6 de Agosto se conmemora en todo el país el Día del Ingeniero Agrónomo.

Normalmente comenzamos mirando el pronóstico. Hace unos 18 años cuando comencé a trabajar, el pronóstico lo armaba un poco cada uno. Miraba un barómetro que tenía en casa, la nubosidad por la ventana, y alguna referencia externa como un molino, árbol o bandera para saber de dónde soplaba el viento. Con todo esto armaba mi propio pronóstico, que obviamente era desacertado al menos en el 50% de las veces. Hoy por internet o a través del celular, armamos el pronóstico con un promedio de 3 o 4 sitios web distintos y obviamente, aumentamos mucho el porcentaje de acierto. Si nos gusta el resultado, lo seguimos a rajatabla, si nos dice lo que no queremos escuchar, volvemos a los métodos antiguos.
Subimos a la camioneta con rumbo hacia el primer lote o campo del día, que estará en un radio de 30 a 300 km del lugar de partida en función de nuestra suerte, pericia o destino para elegir campos cercanos. Unos 10 km antes de llegar empezamos a imaginar qué es lo que veremos. Si es un lote recién sembrado nos sube la adrenalina al pensar: ¿Habrá nacido bien? ¿Estará parejo?; Si estamos por iniciar la cosecha, la misma adrenalina pero otras preguntas: ¿Rendirá bien? El cosechero que me dijo que hoy venía a cosechar ¿Habrá llegado? O me llamará en cualquier momento con el “bolazo” que se le rompió la maquina, justo cuando estaba por salir. ¿Me habrán mandado los camiones que pedí anoche?. Si llegó el cosechero pero no los camiones, me como el primer reto del día por parte del cosechero que no tiene donde cargar. Finalmente llegamos al primer campo: está el cosechero y los camiones también, es como encontrar a Angelina Jolie y Jennifer Aniston juntas (Les dejo a las mujeres la elección de dos hombres que sirvan para el ejemplo). Llegamos, saludamos, hablamos con ellos de algo tan original como el pronóstico, subimos a la cosechadora que ya está trabajando. Si tiene monitor de rinde, empezamos a entender cómo viene el resultado y a ambientar pensando en la campaña que viene, si no tiene monitor, le preguntamos al maquinista como viene el cultivo. Si nos dice: “mejor de lo que pensábamos” es un genio y la tiene clara. Si nos tira alguna frase muy típica y desbastadora como: “lo veo flojo”, “para mi le falto agua” o la frase letal “este lote se le enmalezó o está descuidado de bichos” es que el maquinista no sabe nada. Nos bajamos y le dejamos la puerta abierta de la cosechadora para que se llene de polvillo, por mala onda.
Si el rinde viene bien, por encima de lo presupuestado, mandamos mail, mensaje de texto o señales de humo, pero la idea es que enseguida los jefes, socios y demás interesados se enteren rápidamente. Si el rinde viene mal, tratamos de dilatar las malas noticias, esperando a que levante o que ocurra algún milagro…
Llego la hora del almuerzo, si hay asado en un campamento y te comes una costillita al costado de la maquina trabajando y cargando camiones, es la panacea. No lo cambiamos ni por una semana en Cancún “all inclusive”. Si no hay para comer, seguimos de largo hasta que choquemos con alguna estación de servicio. Miras como vienen las maquinas, si están los camiones necesarios, arreglás con el contratista cómo seguirán mañana. Seguro te pide 10 camiones para mañana, sabiendo que no los va a llenar, pero tiene miedo que le mandes 5 y no pueda cosechar todo en el día. Te subís a la camioneta, salís para el segundo campo y meditas “vamos bien, el contratista está contento, las maquinas funcionan, los cultivos rinden, espero no me suene el celular y este idilio termine”.
Llegas al segundo campo, aquí no hay cosecha. Sólo una pulverizadora trabajando y lotes para revisar por bichos. El de la pulverizadora te larga 100 preguntas - todas juntas - que ni un científico podría contestar sin titubear: “¿Qué hago con los bidones vacios?, se levantó algo de viento, si sigue subiendo ¿paro o sigo?, en el bajo hay algo de barro ¿hago huella o lo dejo para mañana?, la soja está bastante comida, y - obviamente - ¿Qué dice el pronóstico?”… Hacemos un promedio entre nuestra veta productivista, responsabilidad ambiental y los parámetros que nos marca la empresa y le respondemos a todos sus interrogantes. Revisamos el resto de los lotes, definimos aplicaciones, proyectamos rindes, evaluamos los distintos ambientes productivos.
Seguimos con destino al tercer y último campo del día. Justo cuando estás repasando mentalmente que tus cultivos están entre 7 y 8 puntos, recorres una zona donde desde la ruta todo se ve 10 puntos. Se te activan todos los mecanismos de supervivencia y envidia y reflexionas “Acá seguro llovió mejor”, “Deben estar pagado alquileres altísimos”. La posibilidad de que hayan hecho mejor las cosas (que obviamente existe) la descartás por completo. La biología siempre juega a nuestro favor. Escuchás en la radio que se devaluó el dólar, que esto favorece a las materias primas y que los commodities van a subir. Seguramente algo de cereal por vender te queda, y el posible aumento favorece tus números y los de la empresa. Automáticamente pansas “soy un genio, además de producir, manejo los mercados”. Si lo que escuchas en la radio son noticias de baja de precios, pones FM y listo.
Ultimo campo del día. Es una revisación con un dueño nuevo para cerrar un alquiler para la próxima campaña. Tenés un presupuesto de 10. El discurso de por qué 10, y no más de 10, lo venís practicando hace unos veinte dueños con relativo éxito. Estás firme en tus convicciones. Llegás, saludas cordialmente y a diferencia de los anteriores, antes de hablar del pronóstico te tira: “Me ofrecieron 13”. Todos tus argumentos destruidos antes de empezar. Charlas un rato, casi con vergüenza le ofreces 10, van y vienen los argumentos cruzados y aún sin concretar nada algo te dice que estás cerca. Pensás: “a la noche le pongo un mail a mi jefe diciéndole que está casi cerrado“, algún milagro ocurrirá.
Llegás a tu casa a la noche. Hablaste por teléfono unas 30 veces en el día. Manejaste entre 150 a 500 km. Cargaste gas oil al menos una vez. Hiciste mil cuentas con la cabeza. Recorriste varias hectáreas de varios cultivos, que serán alimento para un montón de gente de varios países distintos, gracias fundamentalmente a la empresa que invierte y arriesga mucho dinero, y a nosotros que tratamos de hacer rendir esa inversión, se crea trabajo, se genera riqueza, se agrega valor.
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